Eduardo era el caballero más joven del reino. Aún era un niño, pero era tan valiente e inteligente, que sin haber llegado a luchar con ninguno, había derrotado a todos sus enemigos. Un día, mientras caminaba por las montañas, encontró una pequeña cueva, y al adentrarse en ella descubrió que era gigantesca, y que en su interior había un impresionante castillo, tan grande, que pensó que la montaña era de mentira, y sólo se trataba de un escondite para el castillo.
Al acercarse, Eduardo oyó algunas voces. Sin dudarlo, saltó los muros del castillo y se acercó al lugar del que procedían las voces.
-¿hay alguien ahí?- preguntó.
- ¡Socorro! ¡ayúdanos! -respondieron desde dentro-llevamos años encerrados aquí sirviendo al dragón del castillo.
¿Dragón?, pensó Eduardo, justo antes de que una enorme llamarada estuviera a punto de quemarle vivo. Entonces, Eduardo dio media vuelta muy tranquilamente, y dirigiéndose al terrible dragón que tenía enfrente, dijo:
- Está bien, dragón. Te perdono por lo que acabas de hacer. Seguro que no sabías que era yo
El dragón se quedó muy sorprendido con aquellas palabras. No esperaba que nadie se le opusiera, y menos con tanto descaro.
- ¡Prepárate para luchar, enano!, ¡me da igual quien seas! -- rugió el dragón.
- Espera un momento. Está claro que no sabes quién soy yo. ¡Soy el guardián de la Gran Espada de Cristal!.-siguió Eduardo, que antes de luchar era capaz de inventar cualquier cosa- Ya sabes que esta espada ha acabado con decenas de ogros y dragones, y que si la desenvaino volará directamente a tu cuello para darte muerte.
Al dragón no le sonaba tal espada, pero se asustó. No le gustaba nada aquello de que le pudieran cortar el cuello. Eduardo siguió hablando.
- De todos modos, quiero darte una oportunidad de luchar contra mí. Viajaremos al otro lado del mundo. Allí hay una montaña nevada, y sobre su cima, una gran torre. En lo alto de la torre, hay una jaula de oro donde un mago hizo esta espada, y allí la espada pierde todo su poder. Estaré allí, pero sólo esperaré durante 5 días
Y al decir eso, Eduardo levantó una nube de polvo y desapareció. El dragón pensó que había hecho magia, pero sólo se había escondido entre unos matorrales. Y el dragón, deseando luchar con aquel temible caballero, salío volando rápidamente hacia el otro lado del mundo, en un viaje que duraba más de un mes.
Cuando estuvo seguro de que el dragón estaba lejos, Eduardo salió de su escondite, entró al castillo y liberó a todos los allí encerrados. Algunos llevaban desaparecidos muchísimos años, y al regresar todos celebraron el gran ingenio de Eduardo.
¿Y el dragón? ¿Pues os podéis creer que en el otro lado del mundo era verdad que había una montaña nevada, con una gran torre en la cima, y en lo alto una jaula de oro? Pues sí, y el dragón se metió en la jaula y no pudo salir, y allí sigue, esperando que alguien ingenioso vaya a rescatarle...
lunes, 16 de julio de 2018
martes, 10 de julio de 2018
¿Quién es el más hermoso?
Hace cientos de años vivía en China un caballero llamado Zou Ji. Este hombre sabía que era muy guapo y se pasaba el día contemplándose en el espejo para disfrutar de su propia belleza.
– ¡Ay, qué suerte tengo! Tengo un rostro delicado, un cuerpo esbelto y una gracia natural que llama la atención ¡La naturaleza ha sido muy generosa conmigo!
Su estilo y elegancia eran famosos en todo el reino, pero corrían rumores de que había otro hombre que podía competir con él en hermosura: un tal señor Xu, que vivía en otra ciudad al norte del país.
Una mañana una de las sirvientas llamó a la habitación de Zou Ji.
– Señor, le recuerdo dentro de una hora tiene una cita en su despacho con un importante hombre de negocios.
– ¡Es cierto! Me arreglo y bajo a recibirlo.
Zou Ji se aseó, se vistió con sus mejores ropas, y como siempre, se encontró guapísimo.
Mientras se repasaba de arriba abajo frente al espejo, preguntó a su mujer:
– Querida esposa, yo no conozco a ese señor Xu del que tanto hablan pero tú sí. Dime ¿quién es más hermoso de los dos?
Su esposa le contestó inmediatamente:
– Tú, querido, por supuesto ¡El señor Xu es guapo pero ni en broma se acerca a tu belleza!
A Zou Ji le agradó mucho la respuesta, pero no se quedó conforme y decidió pedir una segunda opinión. Salió de su alcoba, bajó la escalinata de mármol que llevaba al despacho y se cruzó con el ama de llaves, una mujer de confianza que llevaba más de veinte años trabajando en el hogar familiar.
El ama le deseó los buenos días con un movimiento de cabeza, sin detenerse.
– ¡Buenos días, señor!
– ¡Un momento, espera! Quiero hacerte una pregunta y por favor sé sincera conmigo.
– Usted dirá.
– Sé que tú también conoces al famoso señor Xu y necesito que me digas si él es más hermoso que yo.
La respuesta fue rotunda:
– Señor, no tenga dudas de ningún tipo ¡Usted es muchísimo más bello y atractivo que él!
Zou Ji agradeció el cumplido pero la duda siguió rondando por su cabeza mientras se dirigía a su despacho personal.
Al poco rato llamaron a la puerta. De nuevo, era la sirvienta.
– Señor, su invitado acaba de llegar.
– ¡Gracias, dígale que pase!
Zou Ji recibió al hombre de negocios con sonrisa afable y le invitó a sentarse en un cómodo sillón.
– Si no le importa, antes de meternos en temas profesionales quiero hacerle una pregunta muy personal.
– ¡Claro que no me importa! ¿Qué quiere saber?
– Sé que usted vive al norte del país como el señor Xu y que son amigos de la infancia.
– No se equivoca, así es.
– ¿Y según su opinión él es más hermoso que yo?
El caballero puso cara de sorpresa ante la estrambótica pregunta pero contestó con seguridad.
– Por favor, no se preocupe por eso ¡Usted es muy hermoso, mucho más hermoso que él sin punto de comparación!
– Muchas gracias, me deja usted tranquilo. Ahora, si quiere, cuénteme qué le trae por aquí.
Pasaron tres días y la casualidad quiso que el señor Xu visitara la ciudad. La noticia corrió como la pólvora, Zou Ji se enteró, y rápidamente corrió a contárselo a su esposa.
– ¡Querida, el señor Xu estará una temporada en la ciudad y quiero conocerlo! Le mandé un aviso para que viniera hoy a comer a nuestra casa y ha aceptado gustoso la invitación.
– ¡Qué buena noticia, amor mío! Avisaré al servicio para que todo esté listo a la una en punto.
– ¡Estupendo! Me voy arriba a emperifollarme un poco. Tengo que pensar bien lo que me voy a poner… ¡Al fin voy a comprobar con mis propios ojos si yo soy más guapo que él!
El señor Xu se presentó muy puntual y el matrimonio salió a recibirlo. En cuanto Zou Ji lo vio ¡se quedó de piedra!
Se trataba de un muchacho guapísimo que derrochaba una elegancia innata imposible de superar. Sus dientes eran perfectos, tenía los ojos grandes de color verde esmeralda y su piel parecía más suave que la mismísima seda ¡Por no hablar de que se movía de manera exquisita como si sus pies flotaran sobre el suelo!
Zou Ji se sintió hundido en la miseria ¡Era evidente que el señor Xu era un tipo mucho más guapo y seductor que él!
Esa noche la decepción y la tristeza no le dejaron dormir. Lo peor para él no fue comprobar que no era tan guapo como el señor Xu, sino darse cuenta de algo mucho más importante y en lo que nunca había pensado.
– “Mi mujer me dijo que yo era más hermoso que el señor Xu porque me quiere y se desvive por agradarme; mi ama de llaves me dijo lo mismo porque tiene miedo de que la despida de su trabajo; el hombre de negocios que me visitó también me aseguró que yo era más bello porque me necesita para ganar dinero…
Zou Yi, entristecido, suspiró:
– ¡Qué difícil es conocer lo que realmente piensan los demás!
Moraleja: A todos nos gusta que nos digan cosas bonitas y lo fantásticos que somos, pero es bueno saber que hay personas que lo hacen solo por interés. Desconfía de quien se pasa el día piropeándote y diciéndote que eres el mejor en todo. Tú sabes cuáles son tus virtudes, tus capacidades y tus límites, y lo importante es confiar en ti mismo y en lo que te dice el corazón.
Paz entre los animales
Una mañana soleada de verano, un gallo de colores salió a dar un paseo por el campo. Hacía poco que el dueño de esa tierra había sembrado, así que sabía con seguridad que allí encontraría semillas y con suerte algún pequeño gusano que llevarse al pico.
Andaba distraído escarbando por aquí y por allá cuando vio que una zorra surgía sigilosamente de entre la maleza que rodeaba la finca.
– ¡Uy, esa zorra viene a por mí! ¡Tengo que ponerme a salvo!
El gallito de colores miró rápidamente a su alrededor y divisó un único árbol a pocos metros de donde estaba. Sin tiempo para pensar en un plan mejor, echó una carrera sin parar de aletear y se subió a la copa.
Unos segundos después la zorra llegó jadeando hasta el tronco, miró hacia arriba y le gritó:
– ¡Hola, amigo gallo! ¿Por qué has huido de mí? No entiendo qué haces encima de ese olivo… ¿Es porque te doy miedo?
El gallo, temblando como un flan, le contestó:
– Pues sí… ¡Para serte franco, tu presencia me produce auténtico pánico!
La astuta zorra, que quería que el gallo bajara para hincarle el diente, puso cara de buena y empezó a mentir como una bellaca.
– Vaya, pues no sé por qué me temes ¿Acaso no te has enterado de que en esta zona hay una nueva ley?
El gallo puso cara de sorpresa y sintió curiosidad. Sin moverse ni un pelo de la rama a la que estaba aferrado, preguntó:
– ¿De qué nueva ley me estás hablando?
La zorra, muy ladina, continuó con su pantomima.
– ¡Ay, qué poco informado estás!… Esta semana se ha publicado una nueva ley que nos obliga a todos los animales y humanos a vivir en paz ¡Tenemos absolutamente prohibido hacernos daño los unos a los otros!
El gallo la miró fijamente a los ojos y no sintió buenas vibraciones. Algo en su interior le decía que no se fiara lo más mínimo de esa raposa de pelaje rojizo y hocico puntiagudo con buenas dotes de actriz.
– ¡Eres una mentirosa! ¡Tú lo que quieres es comerme!
La zorra se esforzó aún más en parecer convincente.
– ¡Te juro que no te estoy engañando! Por lo que veo es una ley que todo el mundo conoce menos tú… ¡Baja y te explicaré con calma todos los detalles!
El gallo empezaba a dudar ¿Y si no estaba actuando y decía la verdad?…
La zorra iba a abrir la boca para continuar su patraña cuando de repente escuchó un ruido a sus espaldas. Se giró y descubrió con espanto que eran dos cazadores armados hasta las cejas.
– ¡Oh, no, estoy en peligro!… ¡Yo me piro!
La zorra echó a correr como alma que lleva el diablo y el gallo desde arriba le gritó:
– ¡Eh, amiga!… ¿Por qué huyes? ¿No decías que todo el mundo conoce la nueva ley de paz entre hombres y animales? Si es así esos tipos no van a hacerte daño y no tienes nada que temer.
La raposa, en plena escapada, vociferó:
– Ya, ya, pero cabe la posibilidad de que los cazadores tampoco se hayan enterado de que esa ley existe ¡Adiós y hasta nunca!
La zorra había querido engañar vilmente al gallo de colores pero le salió mal la jugada y quedó al descubierto que había mentido. El gallo permaneció un ratito más en la copa del árbol, y cuando todo volvió a la calma, regresó tranquilamente al campo en busca de una deliciosa lombriz para saciar su apetito.
El zorro inteligente
Adaptación del cuento popular de España
Cuenta la historia que un león y una leona vivían juntos en una cueva. Él era el rey de los animales y ella la reina. Además de trabajar codo con codo poniendo paz y orden entre los animales, estaban casados y se llevaban muy bien.
Un día, tras varios años de amor y convivencia, el león cambió de opinión.
– Lo siento, querida esposa, pero ya no quiero vivir contigo.
La leona no se lo esperaba y se puso muy triste.
– Pero… ¿por qué? ¿Es que ya no me quieres?
El león fue muy sincero con ella.
– Sí, te quiero, pero te dejo porque apestas y ya no soporto más ese olor que desprendes y que atufa toda la cueva.
La pobre se disgustó muchísimo y por supuesto se sintió muy ofendida.
– ¿Qué apesto?… ¡Eso es mentira! Me lavo todos los días y cuido mi higiene para estar siempre limpia y tener el pelo brillante ¡Tú lo dices porque te has enamorado de otra leona y quieres irte a vivir con ella!
¡La pelea estaba servida! La pareja comenzó a discutir acaloradamente y ninguno daba su brazo a torcer. Pasadas dos horas la leona, cansada de reñir, le dijo a su marido:
– Como no nos ponemos de acuerdo te propongo que llamemos a tres animales y que ellos opinen si es verdad que huelo mal o es una mentira de las tuyas.
– ¡De acuerdo! ¿Te parece bien que avisemos al burro, al cerdo y al zorro?
– ¡Por mí no hay problema!
Pocos minutos después los tres animales elegidos al azar se presentaron en la cueva obedeciendo el mandato real. El león, con mucha pomposidad, les explicó el motivo de la improvisada asamblea.
– ¡Gracias por acudir con tanta celeridad a nuestra llamada! Os hemos reunido aquí porque necesitamos vuestra opinión sincera. La reina y yo hemos nos hemos enzarzado en una discusión muy desagradable y necesitamos que vosotros decidáis quién dice la verdad.
El burro, el cerdo y el zorro ni pestañearon ¿Qué debían decidir? ¡Estaban intrigadísimos esperando a que el león se lo contara!
– Quiero que os acerquéis a mi esposa y digáis si huele bien o huele mal. Eso es todo.
Los tres animales se miraron atemorizados, pero como se trataba de una orden de los reyes, escurrir el bulto no era una opción.
Alguien tenía que ser el primero y le tocó al burro. Bastante asustado, dio unos pasos hacia adelante y arrimó el hocico al cuello de la leona.
– ¡Puf! ¡Qué horror, señora, usted huele que apesta!
La leona se sintió insultada y perdió los nervios.
– ¡¿Cómo te atreves a hablarle así a tu reina?!… ¡Desde ahora mismo quedas expulsado de estos territorios! ¡Lárgate y no vuelvas nunca más por aquí!
El borrico pagó muy cara su contestación y se fue con el rabo entre las piernas en busca de un nuevo lugar para vivir.
El cerdo, viendo lo que acababa de pasarle a su compañero, pensó que jugaba con ventaja pero que aun así debía calibrar muy bien lo que debía responder. Se aproximó a la leona, la olisqueó detenidamente, y para que no le ocurriera lo mismo que al burro, dijo:
– ¡Pues a mí me parece un placer acercarme a usted porque desprende un aroma divino!
Esta vez fue el león el que entró en cólera.
– ¡¿Estás diciendo que el que miente soy yo?!… ¡Debería darte vergüenza contradecir a tu rey! ¡Lárgate de este reino para siempre! ¡Fuera de mi vista!
El cerdo, que pensaba que tenía todas las de ganar, fracasó estrepitosamente. Al igual que el burro, tuvo que exiliarse a tierras lejanas.
¡Solo quedaba el zorro! Imagínate el dilema que tenía en ese momento el infortunado animal mientras esperaba su turno. Si decía lo mismo que el burro, la reina se enfadaría; si decía lo contrario como el cerdo, la bronca se la echaría el rey ¡Qué horrible situación! Tenía que pensar algo ingenioso cuanto antes o su destino sería el mismo que el de sus colegas.
Quieto, como si estuviera petrificado, escuchó la voz del rey león.
– Zorro, te toca a ti. Acércate a la reina y danos tu veredicto.
Al zorrito le costó moverse porque le temblaba todo el cuerpo. Tragando saliva se dirigió a donde estaba la leona y con mucho respeto la olfateó. Después, se separó y volvió a su sitio.
El rey ardía en deseos de escucharlo.
– ¿Y bien? ¡Nos tienes en ascuas! Di lo que tengas que decir.
El zorro, tratando de aparentar tranquilidad, fingió tener un poco de tos y dijo con voz quebrada:
– Majestades, siento no poder ayudarles, pero es que a mí no me huele ni bien ni mal porque estoy constipado.
El león y la leona se miraron sorprendidos y tuvieron que admitir que no podían castigar al zorro porque su contestación no ofendía ni dejaba por mentiroso a ninguno de los dos.
El rey león tomó la palabra.
– Está bien, lo entendemos. Puedes marcharte a casa.
Nadie sabe cómo acabó la historia, ni quién tenía la razón, ni si finalmente la pareja llegó a un acuerdo de separación. Lo que sí sabe todo el mundo es que el inteligente zorrito logró zafarse del castigo de los reyes gracias a su simpática ocurrencia.
lunes, 2 de julio de 2018
como se hizo la lluvia
Cuentan que hace mucho, muchísimo tiempo, una gota de agua se cansó de estar en el mismo lugar, y quiso navegar por los aires como los pájaros, para conocer el mundo y visitar otras tierras.
Tanto fue el deseo de la gotica de agua, que un día le pidió al Sol que le ayudara: “Astro rey, ayúdame a elevarme hasta el cielo para conocer mejor el mundo”. Y así lo hizo el Sol. Calentó la gotica con sus rayos, hasta que poco a poco, se fue convirtiendo en un vapor de agua. Cuando se quedó como un gas, la gotica de agua se elevó al cielo lentamente.
Desde arriba, pudo ver el lugar donde vivía, incluso más allá, puedo ver otros rincones del mundo, otros mares y otras montañas. Anduvo un tiempo la gotica de agua allá en lo alto. Visitó lugares desconocidos, hizo amistades con los pájaros y de vez en cuando algún viento la ponía a danzar por todo el cielo azul.
Sin embargo, a los pocos días, la gotica comenzó a sentirse sola. A pesar de contar con la compañía de los pájaros, y la belleza de la tierra vista desde lo alto, nuestra amiga quiso que otras goticas de agua le acompañaran en su aventura, así que decidió bajar a buscarlas y compartir con ellas todo lo que había vivido.
“Viento, ayúdame a bajar del cielo para ir a buscar a mis amigas” Y el viento así lo hizo. Sopló y sopló un aire frío que congeló la gotica hasta volverse más pesada que el aire, tan pesada, que pronto comenzó a descender desde las alturas.
Al aterrizar en la tierra, lo hizo sobre un campo de trigo, donde había muchas goticas que recién despertaban hechas rocío mañanero. “Queridas amigas, acompáñenme hasta el cielo” gritó la gotica y todas estuvieron de acuerdo. Entonces, el Sol las elevó hasta lo alto donde se convirtieron en una hermosa nube, pero al pasar el tiempo, las goticas quisieron bajar nuevamente a contarles a otras goticas sobre lo que habían visto.
Y desde entonces, siempre que llueve, significa que cada gota de agua ha venido a buscar a su amiga para jugar y bailar en el cielo.

viernes, 29 de junio de 2018
El enano saltarín
Hace mucho tiempo, existió un rey que gustaba de dar largos paseos
por el bosque. Un buen día, y cansado de tanto cabalgar, el monarca
llegó a una humilde casita entre los árboles. En aquel lugar, vivía
un agricultor con su hija joven, la cual rápidamente se ganó la
admiración del rey por su belleza.
por el bosque. Un buen día, y cansado de tanto cabalgar, el monarca
llegó a una humilde casita entre los árboles. En aquel lugar, vivía
un agricultor con su hija joven, la cual rápidamente se ganó la
admiración del rey por su belleza.
“Mi hija no solo es bella, sino que también tiene un don especial”
– alardeaba el campesino. Cuando el rey le preguntó de qué se
trataba, el anciano respondió que la muchacha era capaz de
convertir en oro la paja seca con el uso de una rueca. “Genial,
la llevaré conmigo al palacio” – gritó entonces el rey.
– alardeaba el campesino. Cuando el rey le preguntó de qué se
trataba, el anciano respondió que la muchacha era capaz de
convertir en oro la paja seca con el uso de una rueca. “Genial,
la llevaré conmigo al palacio” – gritó entonces el rey.
Al llegar al enorme castillo, el monarca condujo a la joven
doncella hacia una habitación donde se encontraba una
rueca rodeada de paja. “A la mañana siguiente vendré a ver
si es verdad que puedes convertir todo esto en oro. Si me
engañas, tú y tu padre sufrirán las consecuencias por haberme
mentido”.
doncella hacia una habitación donde se encontraba una
rueca rodeada de paja. “A la mañana siguiente vendré a ver
si es verdad que puedes convertir todo esto en oro. Si me
engañas, tú y tu padre sufrirán las consecuencias por haberme
mentido”.
Al no saber qué hacer, la pobre muchacha se desplomó en el suelo
y se puso a llorar hasta la llegada de la noche. Entonces, cuando
dieron exactamente las doce en el reloj, apareció por una de las
ventanas, un enano narizón que prometió ayudarla.
y se puso a llorar hasta la llegada de la noche. Entonces, cuando
dieron exactamente las doce en el reloj, apareció por una de las
ventanas, un enano narizón que prometió ayudarla.
“Si me regalas tu collar, convertiré toda esta paja en oro”
– dijo el enano con una voz suave, y sin pensarlo dos veces,
la hermosa joven le entregó su collar a la criatura, y esta se dispuso
a hilar la rueca con toda la paja de la habitación. A la mañana
siguiente, el rey abrió la puerta y quedó boquiabierto de ver que,
efectivamente, toda la paja había sido convertida en oro.
– dijo el enano con una voz suave, y sin pensarlo dos veces,
la hermosa joven le entregó su collar a la criatura, y esta se dispuso
a hilar la rueca con toda la paja de la habitación. A la mañana
siguiente, el rey abrió la puerta y quedó boquiabierto de ver que,
efectivamente, toda la paja había sido convertida en oro.
Cegado por su ambición, el rey tomó a la muchacha por las manos
y la llevó hacia otra habitación mucho más grande que la anterior.
Enormes bultos de paja se extendían hasta el techo. “Ahora debes
hacer lo mismo en esta habitación. Si no lo haces, verás las
consecuencias de tu engaño”, le dijo el monarca antes de cerrar la puerta.
y la llevó hacia otra habitación mucho más grande que la anterior.
Enormes bultos de paja se extendían hasta el techo. “Ahora debes
hacer lo mismo en esta habitación. Si no lo haces, verás las
consecuencias de tu engaño”, le dijo el monarca antes de cerrar la puerta.
La suerte de la muchacha no había cambiado, y tan nerviosa se puso
que se tumbó en el suelo a llorar desconsoladamente. A las doce
en punto de la noche, apareció nuevamente el enano narizón que la
había ayudado. “Si me das esa sortija que brilla en tus dedos, te ayudaré
a convertir toda esta paja en oro”, le dijo la criatura a la muchacha, y
esta no dudo un segundo en cumplir su parte del trato.
que se tumbó en el suelo a llorar desconsoladamente. A las doce
en punto de la noche, apareció nuevamente el enano narizón que la
había ayudado. “Si me das esa sortija que brilla en tus dedos, te ayudaré
a convertir toda esta paja en oro”, le dijo la criatura a la muchacha, y
esta no dudo un segundo en cumplir su parte del trato.
Para sorpresa del rey, cuando regresó a la mañana siguiente, la habitación
se encontraba repleta de hilos de oro, y fue tanta su avaricia, que decidió
casarse entonces con la pobre muchacha, pero a cambio debía repetir el acto
mágico una vez más.
se encontraba repleta de hilos de oro, y fue tanta su avaricia, que decidió
casarse entonces con la pobre muchacha, pero a cambio debía repetir el acto
mágico una vez más.
Tan triste se puso aquella joven, que no tuvo más remedio que echarse a llorar
durante toda la noche. Como era costumbre, el enano narizón apareció
entonces a las doce de la noche y acercándose lentamente a la muchacha
le dijo: “No llores más, hermosa. Te ayudaré con el rey, pero deberás
entregarme algo a cambio”.
durante toda la noche. Como era costumbre, el enano narizón apareció
entonces a las doce de la noche y acercándose lentamente a la muchacha
le dijo: “No llores más, hermosa. Te ayudaré con el rey, pero deberás
entregarme algo a cambio”.
“No tengo más joyas que darte”, exclamó la muchacha con pesadumbre,
pero el enano le pidió entonces una cosa mucho más importante:
“Cuando nazca tu primer hijo, deberás entregármelo sin dudar. ¿Aceptas?”.
La princesa no tuvo que pensarlo mucho, y tal como había prometido el enano,
convirtió toda la paja de la habitación en oro usando la rueca.
pero el enano le pidió entonces una cosa mucho más importante:
“Cuando nazca tu primer hijo, deberás entregármelo sin dudar. ¿Aceptas?”.
La princesa no tuvo que pensarlo mucho, y tal como había prometido el enano,
convirtió toda la paja de la habitación en oro usando la rueca.
En las primeras horas de la mañana siguiente, el rey apareció como de
costumbre, y al ver que era más rico aún gracias a la muchacha, ordenó
a sus súbditos que preparan un banquete de bodas gigante para casarse
de inmediato.
costumbre, y al ver que era más rico aún gracias a la muchacha, ordenó
a sus súbditos que preparan un banquete de bodas gigante para casarse
de inmediato.
Al cabo de un año, el rey y la nueva reina tuvieron su primer hijo,
y aunque la muchacha había olvidado por completo la promesa del
enano narizón, este apareció una buena noche en la ventana de su alcoba.
“He venido a llevarme lo prometido. Entrégame a tu hijo como acordamos”,
susurró el enano entre risas. “Por favor, criatura. No te lleves lo que
más amo en este mundo”, suplicó la reina arrodillada, “te daré todo lo que
desees, montañas de oro, mares de plata, todo porque dejes a mi hijo en paz”.
y aunque la muchacha había olvidado por completo la promesa del
enano narizón, este apareció una buena noche en la ventana de su alcoba.
“He venido a llevarme lo prometido. Entrégame a tu hijo como acordamos”,
susurró el enano entre risas. “Por favor, criatura. No te lleves lo que
más amo en este mundo”, suplicó la reina arrodillada, “te daré todo lo que
desees, montañas de oro, mares de plata, todo porque dejes a mi hijo en paz”.
Pero el enano no se dejó convencer, y tanta fue la insistencia de la
muchacha que finalmente, la criatura le dijo: “Sólo hay un modo de que
puedas romper la promesa, y es el siguiente: dentro de tres noches vendré
nuevamente a buscarte, si para ese entonces adivinas mi nombre, te dejaré
en paz”. Y dicho aquello se desapareció al instante.
muchacha que finalmente, la criatura le dijo: “Sólo hay un modo de que
puedas romper la promesa, y es el siguiente: dentro de tres noches vendré
nuevamente a buscarte, si para ese entonces adivinas mi nombre, te dejaré
en paz”. Y dicho aquello se desapareció al instante.
La reina, decidió entonces averiguar por todos los medios el nombre de
aquella criatura, por lo que mandó a sus guardias a todos los rincones
del mundo y les ordenó que no volvieran si no traían una respuesta.
Tras dos días y dos noches, apareció uno de los guardias, contando la
historia de un enano que había visto caminando por el bosque, mientras
cantaba lo siguiente:
aquella criatura, por lo que mandó a sus guardias a todos los rincones
del mundo y les ordenó que no volvieran si no traían una respuesta.
Tras dos días y dos noches, apareció uno de los guardias, contando la
historia de un enano que había visto caminando por el bosque, mientras
cantaba lo siguiente:
“Soy un duende maldito,
Inteligente como yo, nunca encontrarán
Mañana me llevaré al niño
Y el nombre de Rumpelstiltskin, jamás adivinarán”
Así pudo saber la reina el nombre del enano narizón, y cuando
se apareció en la noche le dijo: “Tu nombre es Rumpelstiltskin”.
Entre gritos y lamentos, el enano comenzó a dar saltos enfurecidos
por toda la habitación, y tanto fue su enfado, que saltando y saltando
llegó al borde del balcón y se cayó en el foso del castillo, quedando
atrapado allí para siempre.
se apareció en la noche le dijo: “Tu nombre es Rumpelstiltskin”.
Entre gritos y lamentos, el enano comenzó a dar saltos enfurecidos
por toda la habitación, y tanto fue su enfado, que saltando y saltando
llegó al borde del balcón y se cayó en el foso del castillo, quedando
atrapado allí para siempre.
El enano saltarín
martes, 26 de junio de 2018
Bienvenida
holi...!!! Mi nombres es scarleth, estudiante de primer siglo para educación infantil.
Sean todos y todas bienvenidos a mi blog. En este espacio encontraras contenido para niños
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